lunes, 3 de enero de 2011

Cuidados de verano para nuestros pequeños

A pocos días que mi bebé cumpla 9 meses y que llegaran las 12am del nuevo año 2011, sucedió que de pronto una rebelde e inusual fiebre de 38 grados no lo deja dormir, ¿Qué pasó? De inmediato lo llevé al pediatra y resultó que la fiebre era la manifestación de un problema bronquial, pero que a su vez todo su cuerpecito presentaba puntos rojizos y manchas rosadas. ¿A que se debe ello?, le pregunté al medico. Entonces, me dijo que el exceso de calor es el generador de una alergia al propio sudor por eso el motivo de su fastidio corporal. 

En primera instancia me preocupé, pues no sólo era la fiebre (la cual había que controlar), sino que también sus bronquios y un rojizo sarpullido, así que, como mamá primeriza de inmediato pedí soluciones. Tranquila, me dijo el doctor, pues el calor se esta iniciando con intensidad, así que a los pequeños se les debe tener mucho cuidado, por eso debe bañarlo dos veces por día, medicinarlo según el pediatra, mantenerlo fresco, vestirlo con ropa ligera, mantener su piel hidratada, cubrirle la cabeza, no exponerlo al sol durante las horas centrales del día, pero sobre todo mantenerlo hidratado con agua natural, me recomendó.

Además, una amiga nutricionista me comentó que en el verano los bebés tienden a sudar en mayor cantidad y con frecuencia,  por tal motivo es muy importante ofrecerle alimentos frescos, como por ejemplo las frutas que contengan mucha agua, tales como sandía, pepino, papaya, pera y otros. Además resaltó que es indispensable……
  

1) Mantenerlo hidratado 
A diferencia que los adultos, los bebés son más vulnerables a la deshidratación, pues la proporción de agua en su cuerpo es mayor y su equilibrio más débil. Por tal motivo, una excesiva pérdida de líquidos puede tener graves consecuencias para su organismo, es por ello que hay que tener especial precaución en verano. Si toma biberón habría que ofrecerle agua mineral para reforzar la toma de pecho o de comida. 


2) Realizar juegos al aire libre
Especialmente las vacaciones de verano, son la época ideal para descansar en familia y olvidarse de horarios y de rutinas. Es mejor si generamos espacios infantiles al aire libre, donde nuestros hijos puedan aprender, desarrollarse y entretenerse disfrutando de todo lo que la naturaleza tiene para ofrecerles. La playa, la piscina, el parque, la montaña son los mejores espacios para el juego al aire libre de los niños. Cabe resaltar que dichos momentos deben darse con precaución, pues la exposición al sol es una excelente fuente de vitamina D, que favorece la absorción del calcio y mejora la salud de los pequeños. 

3) Protegerlo del sol
La piel del bebé es extremadamente sensible a las radicaciones solares. Es imprescindible protegerlo del sol con sombreros, gafas de sol para evitar problemas oculares, ropa transpirable y por supuesto, crema con factor de protección solar. Debe usarse el fotoprotector más adecuado para su tipo de piel, siendo el recomendado para los bebés una protección no menor de FPS 20 e idealmente de 40 o 50.
Tan importante como elegir la protección solar más adecuada es aplicar correctamente la crema solar al bebé, siempre 30 minutos antes de la exposición al sol y evitando las horas de sol más directo.

4) Buena alimentación
Es probable que durante la época de verano el niño tenga menos apetito o coma menos de lo habitual. No te preocupes si no ingiere primer plato, segundo plato y postre. Se pueden suplantar comiendo más veces al día y por supuesto, bebiendo mucho líquido.
Hay que respetar al bebé si quiere comer menos, pero es importante mantener una alimentación variada, rica en frutas, verduras y cereales que ayudarán a mantenerlo hidratado y con energía. Aprovecha las frutas de temporada para prepararle zumos o batidos y cambia las comidas copiosas por otras más frugales. Si el bebé tiene menos de seis meses y aún no se le ha introducido la alimentación complementaria, entonces se debe de aumentar las tomas del pecho.

5) Evitar intoxicaciones alimentarias
En verano aumentan las posibilidades de sufrir una intoxicación alimentaria pues las bacterias proliferan con el calor. Por eso, hay que cuidar que los alimentos no pierdan la cadena de frío y extremar las precauciones en el transporte y almacenaje de la comida del bebé.  No es conveniente llevar el alimento del bebé a la playa o la piscina si no es en una conservadora de frío. Hay que aumentar las medidas de higiene a la hora de prepararlos, así como escoger alimentos siempre frescos y lavarlos muy bien. 

6) Evitar un golpe de calor
Los bebés son más proclives a sufrir un golpe de calor debido a que su mecanismo de regulación corporal es aún inmaduro. El golpe de calor es la consecuencia de la exposición a temperaturas muy altas y necesita atención urgente para intentar bajar la temperatura corporal, además de tratamiento médico.
Para evitarlo, hay que proteger al bebé del rayo de sol directo, cubrir siempre su cabeza con una gorra, evitar las horas de más calor del día, permanecer en un lugar fresco, beber agua y tomar alimentos frescos. Y por supuesto, nunca dejar al bebé en el coche a pleno sol. 

7) Prevenir una otitis
El verano es la época propicia para que el niño sufra una otitis “de piscina”, llamada así porque la humedad y el calor son el caldo de cultivo para que se produzca una inflamación en el conducto externo del oído provocada por hongos y bacterias.
Para evitarla hay que recordar secar bien las orejitas después del baño diario, del baño en la piscina o en el mar y mantenerlas siempre limpias y secas. Si fuera necesario, porque el bebé es muy propenso a las otitis, se le pueden colocar tapones de cera para proteger los oídos del agua.

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